EL PENTECOSTÉS ES APOCALÍPTICO O NO ES PENTECOSTÉS: Acción apocalíptica de la Iglesia frente a la necro-política.

 Por: Jeferson Rodríguez[1]

“Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y su compañero en el sufrimiento, en el reino de Dios y en la paciente  perseverancia a la que Jesús nos llama. Me exiliaron a la isla de Patmos por predicar la palabra de Dios y por mi testimonio acerca de Jesús. Era el día del Señor, y yo estaba adorando en el Espíritu. De repente oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, que decía: Escribe en un libro todo lo que veas y envíalo a las siete iglesias que están en las ciudades de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.”

Apocalipsis 1:9-11

La necro política esta orientada a cercenar todo lo bello de la creación,  con especial  agresividad  a las generaciones más jóvenes, apuntando su ataque a niñas, adolescentes y jóvenes principalmente.

 En este contexto de pandemia se hacen evidentes las acciones perversas de los necro-estados. Por ejemplo, es por estos días donde los índices de muertos están aumentando con más velocidad que los gobiernos están flexibilizando las políticas de cuarentena, privilegiando al menos en el caso de Colombia los intereses bancarios. El foco es la muerte y para la muerte. El teletrabajo actual, el miedo, los negocios de las farmacéuticas van quitando cada vez más derechos y son menos  las oportunidades que podemos disfrutar la  diversidad y la riqueza de la existencia.  En últimas la vida no importa. Las muertes por el COVID-19 en Colombia, ya estamos cerca de  900 muertos por el virus y  casi 100 líderes  sociales y defensores de los derechos humanos han sido asesinados en lo que va este año 2020. Durante los meses que lleva la crisis del COVID-19 en Colombia, han muerto 32 de estos; y 19 desde que inició el aislamiento obligatorio. Las políticas de respuesta ante la crisis generan más muertes, aumenta la corrupción ahora en nombre de la ayuda humanitaria y el teletrabajo termina siendo la esclavitud laboral que accedemos amablemente para poder sobrevivir.

Por supuesto es esta necro-sociedad fuente de inspiración de una manera de hacer teología e iglesia que legitima la exclusión, el poder, la segregación el dolor, la estigmatización, en vez del amor, la reconciliación, la justicia y la ternura. Permítanme en este contexto predominantemente necropolítico y por ende necroteológico y necroeclesial proponer unas reflexión de cómo veo la acción de los seguidores y seguidoras de Jesús en estos momentos donde está primando la muerte por encima de casi todo.

Soy pentecostal.

Sí, pertenezco a un movimiento que en la actualidad mayoritariamente ha  respaldado las políticas de muerte en nuestros países; que ha levantado grandes templos y se ha desconectado muchas veces  del sufrimiento de los más pequeños en nuestra América latina.  Entonces tengo que decir que soy un pentecostal exiliado, no en las mismas proporciones que Juan de Patmos. Algunos de los que están acá han presenciado mis constantes exilio, y mis días de lágrimas, de las echadas a sombrerazos de espacios donde cada vez me fueron considerando persona no grata.   

Soy pentecostal. Y mañana se celebra el pentecostés, celebración que los pentecostales a veces ni tenemos en cuenta.

Soy pentecostal.

Y por ende vengo de una tradición apocalíptica de un estilo escapista, apolítica, “raptista” y futurista. Lo sorprendente es que ninguno de mis ancestros pentecostales tuvo tanta imaginación para lograr describir que tendríamos que estar en nuestras casas sin poder salir, casi en el mundo entero. La marca de la bestia, el código de barras, el rapto, los escorpiones voladores no tuvieron tanto alcance como la realidad actual. Me he tomado la libertad de cambiar la palabra profético por apocalíptico en el título que me han propuesto. Espero poder explicar porque para mí es más pertinente usar el lenguaje apocalíptico en estos momentos que otro tipo de lenguaje y énfasis. Porque es básicamente en la combinación de esta frase:El Espíritu Santo Apocalíptico, que yo veo la realización plena de los hijos e hijas de Dios en la actualidad.

Así que pentecostés, apocalipsis, muerte, vida, deseos eróticos, misticismo, oración extática, revolución, silencio, gritos, serán ingredientes de una sola sopa o sancocho que me atraviesa completamente y quisiera compartir  con ustedes esta tarde.

Pentecostés y apocalipsis a la vez.

Estas dos cosas deben ir juntas. Es la irrupción del Espíritu en Hechos de los apóstoles un signo que Pedro lee con el filtro apocalíptico a través del profeta Joel. Es el derramamiento del Espíritu sobre niños y niñas, sobre esclavos y esclavas lo que muestra que ha llegado el fin de una era donde la jerarquía era lo dominante y la violencia era la única manera de vivir el poder. Pero llegó el Espíritu con su poder que parece más un “no-poder” porque nos hace amar cada vez más profundo para inaugurar  un nuevo mundo. Es este mismo Espíritu Santo que hace que un exiliado tenga visiones extáticas de la realidad y del futuro. Este exiliado ha sufrido por dar testimonio de Jesús  y ahora comienza a describir, al estilo de los “comics modernos”, los grandes abusos del poder imperial que tendrán que caer ante la tierna fragilidad del cordero acuchillado.

No hay libro más cargado de crítica política en la biblia que el apocalipsis  y no hay un libro, igualmente, más extático y “sollado” que este. No existe tal disyuntiva,  entre oración profunda y acción social. Es más bien lo contrario entre más oración elevada más discernimiento de la realidad actual. Juan es llevado en el Espíritu. El texto indica que es un momento de éxtasis es decir es un momento de pérdida de control de la consciencia donde se le muestra con lujo de detalles lo que va a pasar y lo que debe decir a las iglesias. Hoy se ha caricaturizado este tipo de cosas, pero, tengo que ser leal conmigo mismo y decirles, no veo otro camino para vivir otro mundo más justo, más tierno, sino  en este mismo estado extático también.

 La oración que vive este exiliado es en el Espíritu.

El éxtasis es la “agarrada” de las mechas (del cabello)  que  el Espíritu hace con uno,  para hacernos salir de nuestro egoísmo, codicia y auto-referenciamiento;  para ir a un espacio  intersubjetivo de amor   y deseo permanente, que desea también que el “otro-a”  también salga a disfrutar de una nueva realidad.

 En ese sentido es un éxodo.

Es la salida que tiene Ezequiel en “visión” y lo lleva a un valle de huesos secos. Es la oración que vive Jesús donde caen grandes gotas de sangre y vienen ángeles a respaldarlo para poder decir al final  “no se haga mi voluntad sino la tuya”; es la oración en el espíritu que experimenta Saulo en dialogo con Jesús resucitado en el camino de Damasco que lo hace ir hasta el tercer cielo y oír cosas que no se pueden volver a repetir.

El éxtasis es necesario para no resignarnos a que este mundo es todo lo que podemos vivir, que hay otro mundo. Generalmente los éxtasis modernos y auto inducidos,  te ensimisman más, te abstraen de la realidad, por  eso son inauténticos.

Sin esta manera de vivir en oración, la acción social y de transformación se hace superficial. Es muy fácil, desde una posición privilegiada, sin estar en el exilio y  para ser moralmente justo a la causa de los oprimidos ayudar con acciones demasiado planeadas mientras que en realidad sigues ahogando las voces de la tierra y de las víctimas con el estruendo de los propios planes altisonantes para la “reforma”. Del mismo modo,  hoy en día se habla mucho del asunto de la “alteridad”, de la “otredad” por parte de  teóricos poscoloniales para hablar de las pueblos oprimidos. Pero hay muy poco acerca de las prácticas que vinculan lo consciente como una entrada a lo inconsciente donde realmente se permitan una atención cuidadosa a la diversidad y la vida plena de los más vulnerados.

¿Recuerdan que en el relato de mateo 25 los justos fueron inconscientes de la bondad que habían hecho y por esa inconsciencia fue que realmente pudieron vivir la intención de Dios? [2]

Es solo en un tipo de oración real, en el Espíritu de Vida donde sucede un vaciamiento de las codicias y se   inculca una atención que va más allá de  las simples buenas intenciones políticas. Su práctica es más incómoda, más desestabilizadores de estructuras jerárquicas y de género.

¡La oración apocalíptica es una ruptura progresiva de todo el ser que nos permite ser cada vez más tiernos y solidarios!

Lo que ve Juan de Patmos no es solo producto de la imaginación o de la intuición. !Estas dos son geniales! Si solo tuviéramos más imaginación e intuición nuestros trabajos de tesis serían más geniales, nuestros proyectos políticos serían más incluyentes. Pero lo que estoy  tratando de decir hoy, es más que eso, es que solo el Espíritu es el que puede romper todo lo que pensábamos que era la verdad y ahora vivir otro mundo distinto. Donde el patrón no es lo “masculino” que ha predominado por tantos siglos. Es en este sentido que la presencia del Espíritu es apocalíptica porque va revelando otra realidad posible que no es fruto de la genialidad de algún súper dotado sino que es voluntad de Dios para la creación aquí y ahora.

Pero no es solo la oración pentecostal o en el Espíritu algo que se ha caricaturizado y minimizado. Es también lo apocalíptico lo que ahora es simple escape absurdo y torpe de la realidad. Ni la oración es eso como lo he venido diciendo, ni lo apocalíptico tampoco es eso.

No existe tal disyuntiva entre profético y apocalíptico de la manera que nos la quieren mostrar en estos días. Los teólogos que nos quieren separar quieren hacer ver que los profetas son los activos y transforman la realidad y los apocalípticos-as son los pasivos que se la pasan en las nubes orando sin hacer nada y “alucinando” con cosas que nunca van a pasar. Yo tengo otra lectura de estas cosas. Los apocalípticos del pasado como los “hasidim” lucharon incansablemente contra Antíoco IV Epifanes, los esenios lucharon hasta ser sepultados por el imperio romano en los años 60 y 70 después de Cristo. Ellos tenían una gran convicción que el cambio radical debía llegar. Luego los seguidores de Jesús también fueron  apocalípticos (Jesús mismo, Pablo, Juan de Patmos) tienen tanta claridad de la “vida tan horrible” del presente que no se contentaban con que viniera un rey un poquito  más justo sino que tendría que venir el completo estado de Dios y así cambiará  la realidad de manera completa también.

Solo un apocalíptico  como Jesús  pudo decir que su reino no era de este mundo.  No es reforma lo que se pide, es revolución.

!Que venga el “estado de Dios” sobre nuestros estados de muerte!

Son tan realistas  los apocalípticos que se dan cuenta que la codicia humana nunca hará un cambio profundo y por eso se necesita de la intervención de Dios, que si Dios no se mete en el corazón y en la estructuras  humanas no habrá esperanza. Entonces para mí lo apocalíptico es un paso más agudo de lo profético y un estado de mayor radicalidad y crítica política que ahuyenta el miedo en todas sus manifestaciones. Son ellos y ellas, son ustedes queridos amigos y amigas que tienen una consciencia más clara del gran poder del mal y de lo aplastante que puede llegar a ser. Pero no pierden de vista que es solo un cordero tierno el que les inspiran a seguir amando así sigan en el exilio. El apocalíptico-a, cree en Dios, lo hace sin plata. Camina solo, entrega mercados, se para a hablar con la gente en la calle, sin ninguna agenda más que solo escuchar atentamente y amar. No busca reconocimiento, es terco, muy terco. Desea un mundo nuevo así no lo vea, entiende que el deseo está ahí para empujar la vida, sacar la vida del egoísmo. Y es consciente que el deseo no se cumple en su totalidad porque es Dios mismo, y si  se cumpliera dejaría de ser deseo. Por eso desea y sigue deseando. Es fuego, es llama de amor viva, es ternura. Es querer ver a Dios y nunca saber quién es de manera completa. Es humildad total, es ansia insaciable. Es mucho más lo que no sabe que lo que sabe. Es estar en silencio mucho tiempo y luego actuar con contundencia porque esta seguro que hay una fuerza imparable en él o ella, que es Dios mismo.

Revelar (lo que significa apocalipsis) no es otra cosa que rebelar. Y esta rebeldía entre más inconsciente mejor. No es una agenda política impuesta por modas sociales, es la interiorización inconsciente de la bondad y ternura de Dios mismo,  la que puede realmente traer un mundo nuevo. El apocalipsis no es el final, final; han habido muchos apocalipsis, no es la aniquilación de la existencia, es la resistencia amorosa o en palabra de Juan de Patmos,  “es la paciente perseverancia a la que nos llama Jesús”.

Entonces es pentecostés y apocalipsis a la vez, es conciencia e inconsciencia a la vez, es cuerpo y espíritu a la vez, es varón y mujer a la vez,  es ternura y resistencia a la vez.

De manera más puntual quiero decir.

Hay que orar, en el Espíritu. Pero hay que saber orar. Orar no es solamente hablar, no es repetir algo, no es ni siquiera desnudar el corazón. Orar es dejar que Dios ore en nosotros. La oración autentica es una imposibilidad humana, solo puede ser un acto divino. Orar es distinto que dar gracias por lo alimentos o por este encuentro. /Es el mismo espíritu que ora en nosotros con gemidos indecibles. No es tener tiempos de oración, es vivir en la oración. Es llama de amor puro, es oscuridad de deseo, es terquedad en Dios. Es vivir en la agitación constante de ese soplo que se recrea en el caos de la muerte de los estados que ya están cayendo.  Es el Espíritu el único que puede explorar los rincones más  oscuros y abandonados de nuestra memoria y emociones y nos pone en riesgo constante de  desestabilización y redirección al encuentro de los más excluidos-as.

Hay que rebelarnos (revelarnos). Hasta la rebelión de los hijos e Hijas de Dios. Una rebelión con lágrimas, con reconciliación. No es suficiente lo que hay en la actualidad, lo que Dios quiere es otra cosa. Los animales gimen, la gente gime. Hay que entregarse a los otros y otras, hay que pararse sin violencia como el cordero que desato los rollos de la historia. Hay que ser tiernos, no como el ternurismo y la condescendencia  que tienden a meterse en nuestras acciones. Sigamos la ternura de Jesús sacando a los mercaderes del templo y teniendo el silencio ante la cruz que en ese momento fue inevitable. Ternura como cuidado compartido por los más vulnerados. Rebelarnos es no  leer la biblia para saber más, sino leerla para amar y para amar a aquellos que nadie ama. No hay mayor rebelión  que salir de nosotros y ser tiernos. Los apocalípticos-as estamos llamados a la impaciencia y a la confianza en Dios a la vez.  

Solo la ternura es digna de Fe.  

¡Ahora sí, Que venga el pentecostés, pero que venga así apocalípticamente!


[1] En el contexto del encuentro latinoamericano de jóvenes evangélicos organizado por Miqueas Joven 30 de Mayo 2020.

[2] https://sintagmas.wordpress.com/2020/02/28/el-reto-resistir-las-violencias-pasando-de-la-justicia-al-estilo-humano-a-la-justicia-al-estilo-de-dios/

Un comentario en “EL PENTECOSTÉS ES APOCALÍPTICO O NO ES PENTECOSTÉS: Acción apocalíptica de la Iglesia frente a la necro-política.

  1. Gracias Jeferson, una reflexión profunda y pertinente a este tiempo. Hay una intensa curiosidad en este tiempo por lo “apocalíptico” que lo desvincula del mensaje de Juan de Patmos. Oremos por nuestras congregaciones pentecostales.

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